GENÉTICA DEL SPI:
Sabemos que en el 70% de los casos no vamos a encontrar
ningún factor causal, etiquetándolos como primarios o idiopáticos. De éstos,
aproximadamente un 30% tienen miembros entre sus familiares con el mismo
problema, sospechándose causas genéticas como un factor clave. Los estudios de agregación familiar
muestran un patrón de transmisión autosómico dominante. Además, existe
evidencia de que en las familias afectadas la edad de comienzo de los síntomas
se adelanta en cada generación, es decir, los descendientes de personas con
esta patología que heredan y desarrollan la enfermedad la desencadenarán
probablemente en edades más tempranas que sus progenitores. Actualmente se acepta que el SPI tiene una
clara base genética.
Estudios recientes relacionan un gen localizado en el BTBD)
del cromosoma 6p21.2 y del cromosoma 12q (MAOA) con la susceptibilidad a la
enfermedad y se están realizando grandes esfuerzos siguiendo esta prometedora
línea de investigación genética, pero lo cierto es que hasta la fecha no
podemos hablar de “gen responsable”, sino de rasgos de susceptibilidad o de
incremento de los factores de riesgo. Los cromosomas en los que se han
detectado genes con aparente factor de riesgo para el SPI son: 12q, 14q, 9p,
2q, 10p y 16p.
Más fructíferos han resultado los estudios poblacionales. Mediante técnicas de barrido genómico, que
buscan polimorfismos, es decir, variantes genéticas no necesariamente
patológicas pero que pueden inducir cambios en la expresión o la actividad de
un gen, se han identificado variantes en cuatro genes (MEIS1, BTBD9, MAP2K5-LBXCOR1 y PTPRD) que suponen un aumento de
riesgo de sufrir este síndrome. Estos cuatro genes tienen en común ser genes
reguladores que modifican la actividad de otros genes, algunos de ellos
relacionados con el metabolismo y el transporte de hierro. Tener las variantes
polimórficas de riesgo no supone que obligatoriamente se vaya a padecer la
enfermedad, sino que la posibilidad de padecerla se multiplica por un factor de
1,3 a 428.
Así pues, nos encontramos ante una enfermedad de naturaleza
poligénica, en cuya aparición se encuentran implicados diversos genes (cuatro
conocidos y probablemente muchos más que aún no conocemos) con polimorfismos
que protegen o facilitan la aparición de la enfermedad, lo que ocurrirá como
resultado de la suma de los efectos de todas estas variantes.
Mercedes Bernaldo de Quirós Fernández
Raquel Cervigón Portaencasa
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