lunes, 2 de mayo de 2016

GENÉTICA DEL SPI- Mercedes B.F. y Raquel C.P.


GENÉTICA DEL SPI:

Sabemos que en el 70% de los casos no vamos a encontrar ningún factor causal, etiquetándolos como primarios o idiopáticos. De éstos, aproximadamente un 30% tienen miembros entre sus familiares con el mismo problema, sospechándose causas genéticas como un factor clave. Los estudios de agregación familiar muestran un patrón de transmisión autosómico dominante. Además, existe evidencia de que en las familias afectadas la edad de comienzo de los síntomas se adelanta en cada generación, es decir, los descendientes de personas con esta patología que heredan y desarrollan la enfermedad la desencadenarán probablemente en edades más tempranas que sus progenitores. Actualmente se acepta que el SPI tiene una clara base genética.

Estudios recientes relacionan un gen localizado en el BTBD) del cromosoma 6p21.2 y del cromosoma 12q (MAOA) con la susceptibilidad a la enfermedad y se están realizando grandes esfuerzos siguiendo esta prometedora línea de investigación genética, pero lo cierto es que hasta la fecha no podemos hablar de “gen responsable”, sino de rasgos de susceptibilidad o de incremento de los factores de riesgo. Los cromosomas en los que se han detectado genes con aparente factor de riesgo para el SPI son: 12q, 14q, 9p, 2q, 10p y 16p.

Más fructíferos han resultado los estudios poblacionales. Mediante técnicas de barrido genómico, que buscan polimorfismos, es decir, variantes genéticas no necesariamente patológicas pero que pueden inducir cambios en la expresión o la actividad de un gen, se han identificado variantes en cuatro genes (MEIS1, BTBD9, MAP2K5-LBXCOR1 y PTPRD) que suponen un aumento de riesgo de sufrir este síndrome. Estos cuatro genes tienen en común ser genes reguladores que modifican la actividad de otros genes, algunos de ellos relacionados con el metabolismo y el transporte de hierro. Tener las variantes polimórficas de riesgo no supone que obligatoriamente se vaya a padecer la enfermedad, sino que la posibilidad de padecerla se multiplica por un factor de 1,3 a 428.

Así pues, nos encontramos ante una enfermedad de naturaleza poligénica, en cuya aparición se encuentran implicados diversos genes (cuatro conocidos y probablemente muchos más que aún no conocemos) con polimorfismos que protegen o facilitan la aparición de la enfermedad, lo que ocurrirá como resultado de la suma de los efectos de todas estas variantes.

Mercedes Bernaldo de Quirós Fernández

Raquel Cervigón Portaencasa


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