lunes, 2 de mayo de 2016

ETIOLOGÍA DEL SPI- Raquel Cervigón Portaencasa


ETIOLOGÍA DEL SPI:

La causa del SPI es aún desconocida, pero hay estudios que inciden sobre determinados problemas en el transporte del hierro al cerebro y secundariamente, alteraciones en la síntesis de determinados neurotransmisores, como la dopamina. Parece claro que el Síndrome de piernas inquietas tiene una potente base familiar y genética.

Algunos fármacos (con acción antidopaminérgica como los neurolépticos o la metoclopramida) pueden favorecer la aparición del SPI, razón por la cual es importante la buena realización de la historia clínica al paciente para conocer en detalle qué medicación toma habitualmente y a qué fármacos ha estado expuesto de forma casual.

Así mismo, estimulantes como la cafeína, la teína o los derivados del caco pueden incrementar el SPI. Se ha demostrado una mayor incidencia de SPI en personas que fuman por la noche, siendo, por lo tanto, una recomendación esencial, el dejar de fumar.

Las formas idiopáticas serían las más frecuentes, tendrían un mayor componente genético y desde el punto de vista clínico se caracterizarían por un inicio más precoz, en torno a los 20 años de edad.

Las formas secundarias estarían relacionadas con un proceso causal y se resolverían al solucionarlo. Según diversos estudios el SPI puede ser secundario a varios trastornos que se pueden distinguir en dos grandes grupos:

1.      Circunstancias que se asocian a una alteración en la disponibilidad de hierro,  como pueden ser la ferropenia, el embarazo o la insuficiencia renal, o que causan un bloqueo dopaminérgico.

2.      Procesos que pueden ocasionar dolor en las piernas, bien neuropático, como las polineuropatías, especialmente la diabética, mielopatías o esclerosis múltiple, o  bien de otro tipo, como la artritis reumatoide o la fibromialgia.

Como ya se ha comentado, los factores genéticos son importantes en la aparición del SPI y una predisposición genética constituye el terreno para que aparezca la sintomatología. Por otro lado, sabemos que existe una relación entre ferropenia y SPI pues la prevalencia de la enfermedad alcanza un 30 % entre los individuos con ferropenia y la intensidad de los síntomas se correlaciona con el grado de déficit férrico. Pr todo ello, podemos deducir que en individuos genéticamente predispuestos, circunstancias ambientales que supongan un déficit de hierro, como una pérdida de sangre por cirugía, hemorragias crónicas, donaciones frecuentes de sangre o menstruaciones abundantes, o un consumo excesivo, como el embarazo, pueden desenmascarar o agravar un SPI hasta entonces latente o asintomático. Una vez corregido este déficit férrico, el SPI puede mejorar y volver a la situación previa, lo que no excluye que se pueda manifestar más adelante, quizá esta vez ya sin un precipitante.

Esta relación curiosa ha sido bien estudiada en el embarazo. Aproximadamente una de cada  4-5 mujeres experimenta síntomas de SPI durante el embarazo, especialmente en el tercer trimestre. En general esta sintomatología desaparece poco después del parto, pero algo más de la mitad de las mujeres la vuelven a sufrir en embarazos siguientes.

En definitiva, consideramos que el SPI primario, quizá mejor deberíamos decir la enfermedad de las piernas inquietas o de Willis-Ekbom, es una entidad en cuya etiología influyen  factores genéticos múltiples que regulan el transporte de hierro y el metabolismo dopaminérgico, a los que se pueden sumar factores ambientales que pueden alterar la disponibilidad de hierro o la actividad dopaminérgica. Si la carga genética es suficiente, podrá manifestarse de forma espontánea, sin necesidad de precipitantes, a una edad más precoz cuanto mayor sea esta carga. Los individuos con menor carga genética sólo sufrirán síntomas cuando se asocien estos factores ambientales o cuando alcancen una cierta edad, que en sí ya supone una disfunción metabólica.

Raquel Cervigón Portaencasa


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